lunes, 12 de octubre de 2009


No pronuncies más palabras. Deja que todo se quede en un profuno silencio que absorba nuestras almas. Tengo algo que contarte.

Cuando en la noche pasada me ofreciste tu paraguas para que no me mojara con la lluvia, se confirmó el amor que te tenía. Desde hace algún tiempo, pienso en tus ojos como la salvación de mi alma torturada. Sé que lo sabes. Sabes que nunca paro de pensar en el roce que tu piel me dio en el segundo en el que nos chocanos.

En esa noche de lluvia, me sentí protegida por tí. Con un gesto tan común, sentí caer el muro que tanto tiempo me había costado levantar alrededor de mi alma. Simplemente con algo tan sencillo como eso, el trabajo de años lo destruiste. Dije que no sentiría nada por nadie nunca más, que el daño que me habían echo ya no me lo volverían a hacer. Cierto es que llevabas algún tiempo quetando ladrillos de la pared sin que te dieras cuenta. Pero, anoche, cuando apareciste y me ofreciste un brazo amigo, terminaste de destruir todo.

mi vestido de lunares estaba empapado. Yo venía de la biblioteca con mi archibador en la mano. Las hojas de dentro empezaban a estropearse. Tenía un poco de frío. Mi vestido era un poco corto. Todavía hace buen tiempo y puedo ponerme ese tipo de ropa.

Tu vienes con traje y corbata. Estás guapísimo. Llevas tu chaqueta en la misma mano que llevas el paraguas. Tus ojos se esconden detrás de tus gafas. Te hacercas a mí por detrás. Yo clababa mi mirada en el suelo. Estaba pensando en si realmente me había aprendido todo lo que me habían mandado estudiar ese día. Me cojiste por la cintura y me apretaste a tí. A pesar de estar muy mojada, no temiste mancharte y me hacercaste a ti. Me acompañaste a la parada del autobús y hablamos. Al despedirte, me diste un beso en la cara, muy cerca de los lábios. Mi corazón latía muy rápido, pero creo que no te enteraste de lo que me sucedía.

Esta mañana te vi con otra chica y era guapísima. Tu la abrazabas y la acariciabas. Le decías que era preciosa, le ponías ojitos tiernos y la sonreías. Me dí cuenta que devía reconstruir el viejo muro defensivo. No sin antes echarte de mi alma. Devía comprender que un gesto amable no significa amor.

Antes de esto, había sabido la diferencia entre las dos cosas, pero contigo fue diferente. Incluso, en otras ocasiones también me habían dejado su paraguas. No logro entender por qué ahora se derrumbaba todo.

En estos momentos estoy sentada frente al espejo de mi armario. Refleja todo mi cuerpo. Intento explicar el motivo por el cual no te atraigo. Si es por el físico, no encuentro ningún problema. puedo ser tan guapa como cualquera. Puede que sea por mi forma de ser. Puede que no sea lo suficiente simpática, o lista, o madura.

Siempre que me quede aqui, mirandome, podré aislarme de todo. Así podré sacarte de mi almay volver a ponerme mi coraza. Y, esta vez, no dejaré que nadie me la quite.

1 comentario:

ANDRES dijo...

Crear muros,paredes,capas y rellenos,hacen que se aislen hasta los pensamientos,los materiales pueden ser diversos,dolor,vergüenza,desilusión, astío,todos los más fríos. Ya construido y remodelado continuamente, con lo que va pasando, sientes en ocasiones que la base cede, y sin saber como,estas atrapado por todo lo que has acumulado, y se te ha echado encima,... Agonizas pensando si lo que te ocurre podrá contigo, o si en su lugar forcejeando, conseguiras liberarte de todo,pero esto solo depende de una decisión,.....