jueves, 20 de agosto de 2009

es hora de callar


Mi querido Carlos:
Hoy, por fin, lo he entendido todo.
Me he puesto mi vestido más bonito y me he maquillado solo para ti con la esperanza de que, al menos, me cogiera la mano.
No te has fijado en mí como siempre. No te has fijado en lo ilusionada que iba para verte, ni en las horas que he podido tardar en prepararme para que, por unos momentos, tus ojos se pararan en medio del paisaje justo donde estaba yo.
Tu no podías ser como Valentín y decirme lo bien que me sienta el vestido, lo guapa que estoy...
¿Por qué no podías ser como el?
Sabes que cada vez que me ve llorar, me abraza y, que, suele ser por tu culpa. Te aprovechas de que me quiere como a una hija, que siempre está ahí para secar mis lágrimas, para darme aquel abrazo que tu me niegas y para besar mi frente.
No sabes entender que sin ti no soy nada y que, contigo, alcanzo la estrella más lejana, la que más quema.
Me he cansado de luchar contra imposibles, por sueños que no van a cumplirse. sobre tu corazón no mando. Solo me queda callar a mi corazón para que, por las noches, no te susurre al oído en tu almohada lo enamorado que está d ti.

lunes, 3 de agosto de 2009

Adios


Hace algún tiempo empecé a escribir para sentirme bien, para no sentir el rechazo detrás de la oreja. Desahogaba mis angustias, y me liberaba. La tortura que a mi alma se ata, se empezó a desatar con cada historia o verso.
Con el tiempo mi alma se fue conrompiendo, y se me ocurrió, que con un poco de suerte, podría llegar a ser una gran escritora. Tal vez, como Gracia Marquez, o como los hermanos Machado. Intenté con todas las fuerzas de mi alma publicar, redactar algo lo suficientemente bueno para salir en un conjunto de papel y tinta llamado libro.
Con suerte, recibí solo una carta. Se agradeció mucho la respuesta a un certamen. No era lo suficientemente buena para publicarme, pero me dio la esperanza suficiente para seguir adelante. Con fuerzas renovadas, volví a mis versos y mis renglones. volví a rellenar folios en blanco.
Poco a poco esas esperanzas se fueron consumiendo en el fuego del olvido. Se iba consumiendo poco a poco, y dolorosamente.
Era lo único para lo que podía valer. Ahora noto que las palabras, la literatura, no corre por mis venas. Lo que yo escribo ahora, o lo que he escrito hasta este momento, lo abría escrito cualquiera. Otra persona a la que sepa redactar y expresarse.
Hay demasiados escritores, mejores que yo, en la calle, rogando a la primer lucero de la noche que haga que su gran obra se publique, que la gente por la calle le pare y le diga que es lo ¨¨mejor¨¨ que su mente puede asimilar. Bueno, supongo que ese es el sueño de cualquier escritor, por muy malo que sea.
Supongo que el tiempo me ha echo darme cuenta que no puedo permitirme el lujo de hacer lo que escribir me estaba permitiendo. Mi muro no se vendra a bajo.
Despues de todo, no permitiré que un rayo de dolor entre en mi. Ni uno más. Por esto, he decidido dejar de escribir