martes, 20 de abril de 2010

ENTRE CENIZAS


En un sueño te vi llegar cubierto de cenizas y mojado. Solo se veía con claridad tus ojos marrones llenos de tristeza y melancolía.

Me quedé mirandote, sin saber que hacer. si te tiendo la mano te puedes ofender y si no lo hago, me reconcomerá la conciencia toda la vida.

Te quedas parado ante mi unos insantes, y sigues tu camino. Tu mirada se me clava en el alma. Me recuerda a esos ojos que quisieron mirarme y no me vieron, a aquellos que por morir antes de nacer, ahora viene en sueños y me abraza con cariño y una fiereza que araña todo mi ser.

Pasan los dias y no soy capaz de olvidar tus ojos. A pesar de tu malas pintas (por tu suciedad, probablemente deribada de tu vida en la calle), solo pienso eso que no está cubierto por nada.

Sigue pasando el tiempo y no t veo. Te pierdes por las calles de la ciudad. Perdiendote así la pista.

Casi te tenía ya olvidado cuando en una noche 0scura, en un paseo a solas, te vuelves a cruzar en mi vida.

Esta vez a penas estabas sucio. Alguien te habrá ayudado y habrás salido de esa vida que te hacía estar tan mal.

Pero, por mucho que cambie tu vida, tu hermosa mirada no lo hace.

Tal vez me haya enamorado, pero ahora que te he vuelto a encontrar, no te quiero volver a perder.

sábado, 10 de abril de 2010

QUERIDI ALFREDO...TE QUIERO



Querido Alfredo:


Esta carta no se bien si quiere decir hola o adiós.


Durante algún tiempo te he estado viendo cuando cojo el autobús. tu lo conduces y puede ser frecuente y normal que me encuentre contigo. Pero por azares de la vida, unas veces te veo mucho y otras casi nada.


De una vez a otra pueden pasar algunas semanas, o meses. En escasas ocasiones, son días.
Si soy sincera... no se que pensar de ti. Hay algunas veces que me hablas mucho y otras, que en cambio, no me dices nada, a penas hola.


Me dicen que quizás te gusto y confieso que me encantaría que fuese esta opción. En otras ocasiones me comentan que eres un chulo más, del montón. Y yo, en medio, no se que pensar, ni que sentir.


Cuando te vi por primera vez sentí como un escalofrío recorría todo mi cuerpo. Eras el conductor más joven que cogía el volante de esta línea. Me quedé embobada en tus ojos marrones, en tus manos fuertes... Deseaba que ese viaje no terminara, que la parada de destino se borrara del mapa.


Desde entonces no se puede decir que coja el autobús para llegar de una parada a otra, y menos cuando tú vas al volante.


Al llegar a múltiples rezo por ver tu rostro a través de una puerta o de una ventana, intentando que si me ves, parezca que no te he visto y que me saludes con la mano.


Alguna vez me has saludado cuando yo iba de paseo con mis amigos. La cara se me iluminó en dos segundos. La felicidad inunda todo mi ser.


Desde la última vez que me saludaste con la mano por la ventana del autobús en Cánovas, solo te he vuelto a ver una vez.


Ese día iba a ayudar en transporte adaptado de Cruz Roja y decidí coger la línea ocho. Ahí estabas tu, con esa sonrisa que me derrite el alma.


En esta ocasión solo cruzamos un hola al entrar yo ya que tu hablabas por teléfono y al salir, te despediste de mi. Aun que es una tontería, esto último me hizo mucha ilusión.


Al terminar los transados fui a coger la misma línea que me ha llevado hasta La Casa. Tuve que correr un poco y justo cuando iba a cogerla la pierdo haciendo que coincida de nuevo contigo.


Esta vez fuimos todo el camino hablando. En medio de esta conversación me confundes por recuerdos que tengo de otras veces que hemos hablado y lo que me dices. Solo quiero saber una cosa: ¿ME QUIERES O NO?