viernes, 30 de octubre de 2009

los ojos


Sus ojos estaba perdidos en una inmensa oscuridad. El silencio se hacía perpetuo en aquel segundo en el que nuestros cuerpos se llegaron a encontrar.

Esos hermosos ojos profundos se clavaron en mis pupilas. Me quedé atolondrada. Su mirada llena de luz y sombras en un mismo momento, me transportaron a otro mundo.

Es increible. Una simple mirada me hizo olvidar todo. Lo bueno y también lo malo.

Él giró su cuerpo hacia un lado y yo hacia el otro quedando uno en frente del otro, paralelamente. este hombre, mas alto que yo, agachó la cabeza para mirarme. Yo la incliné ligeramente hacia arriba. No me sentía con fuerzas de mirar esos ojos que arrebataban el alma.

Esa mirida que expresaba cosas tan contradictorias y que daba tanta paz...: amor y odio; amistad y lejanía; sociedad y soledad; día y noche.

En ese segundo en el que el mundo se paró, el corazón me dejó de latir, la boca se me quedó seca y mi piel empaleció.

A pesar del aspecto de cansancio y los rasgos duros que tiene este hombre, su espresión es tierna y cálida. transmite sentimientos de armonía y sosiego. Hace pensar en que algún dios tubo que poner sobre la faz de la tierra a un ser tan perfecto como él. Alguien así no a podido venir a este planeta sí por que sí.

Al alejarse de mi, se llevó la luz de mis ojos, mi corazón y mi aliento.

lunes, 26 de octubre de 2009

el atardecer



El atardecer empezó como cualquier otro. Las luces vailaban al compás del fuego que los habitantes de aquel pueblo encendían en sus chimeneas.
Una chica miraba por la ventana esperando poder escapar de su casa como el sol se escapaba del cielo cada noche.
El sol vailaba y cantaba al irse a dormir, pero ella, a esas horas, solo podía llorar. Derramaba lágrimas cada vez que tenía que dormir. Era una tortura cuando las cuatro paredes a las que ella llemaba hogar se quedaba en silencio y se tenía que quedar sola. Sola con el silencio.
A partir de esa hora, la casa se quedaba vacía, solitaria. No se oía pasar ni a una mosca. De vez en cuando, en la calle se escuchaba un buho o, a algún murcielago aletear por allí cerca.
Se podía distinguir desde su cuarto las voces de las personas que en verano se sentaban en sus puertas a hablar y sus risas en mitad de las conversaciones.
Echa de menos las caricias que él le daba cada noche y cada día. No consigue olvidar los gritos que tanto le consolaban a última hora del día, ya cuado el sol llegaba a su fin.
Recordaba su aliento con olor a jazmín y azalea al llegar del trabajo. Él siempre, al terminar de trabajar, se duchaba y perfumaba. No quería llegar a casa oliendo a sudor. Decía que su princesa no devía sentir la suciedad en su cuerpo.
Al llegar él a casa, siempre la cojía en brazos y la llevaba hasta la cama. En sus 18 años de vida,no recordaba recordaba una sola vez en la que él estuviera en buen estado de salud y no lo hiciera.
En los dos últimos años, casi no lo había echo. Cayó enfermo y esto fue a peor cada día.
Cada día tosía más, le dolía con más intensidad todo el cuerpo y su memoria le fayaba cada vez más. No estaba acostumbrada a verle tan devil, tan desprotejido.
Cada noche se pasaba sentada a los pies de su cama. No quería dejarle. Solo quería protejerle ante todo mal. Sabía que esa protección llegava tarde pero sentía que debia hacerlo. Al fin y al cabo, su abuelo la había cuidado y protejido desde muy niña.
Ahora, al haberse ido, al no estar para decirla qué deve sentir, se encontraba perdida, sin saber que hacer. El guía de su vida había desaparecido. Ya todos los atardeceres eran tristes, melancólicos. Ya, estos no eran lo mismo.

domingo, 25 de octubre de 2009




La luna reina magestuasamente el cielo nocturno en cuarto creciente.


Un poeta la mira embelesado. Le pregunta quién es su amante, que belleza sin igual no pude subsistir sin alguien que la ame con paz y eternamente.


Ella le contesta que se alimenta del amor que reciben otras personas, que es la que provoca los nuevos noviazgos, que las pasiones de las personas son las que la hacen brillar cada noche en lo alto. Le dice que ella es el verdadero ángel del amor. Más que cupido, ella es capaz de despertar más y mayores amores.


El poeta sueña con llegar al cielo y reposar la cabeza en el regazo de la preciosa dama.


En otro punto del planeta, cinco poetas que viven en la misma ciudad, le preguntan a la luna lo mismo. Por supuesto, la luna le contesta lo mismo que al primero.


En otra ciudad, cercana a esta, tres poetas quieren subir a la luna con urgencia. Con esta idea en la cabeza, deciden hablar con todos los poetas que conocen.


En un mes, mediante una cadena de emails, se reunieron en Buenos Aires (Argentina). En esa noche, la luna se mostraba de la misma forma en la que el primer poeta la había visto. Se mostraba en cuarto creciente.


Todas estas buenas mentes pensaron hacer una cadena humana para subir a la luna.


Todos estuvieron conformes con la decisión tomada. Aun que no pudieran llegar todos a lo alto del cielo y abrazar a la adorada dama, por lo menos uno llegaría y cumpliría ese sueño, que es el de todos.


El buen poeta que fue elegido por el azar, fue el que preguntó en primer lugar a la luna por su belleza.


Poco a poco, se fue haciendo una escalera y, el último, en poco rato, consiguió inclinar su rodilla sobre el suelo del cuarto donde se encuentra el trono de la hermosa doncella.


La besó la mano. Esta la pasó por su pelo, aariciándolo. Tumbó su cabezita sobre en seno de la reina de los cielos y se quedó dormido.


Al despertar, no vio nada. Solo su cuarto, su cama y sus cosas. Todo aquello fue un triste sueño. Aun que fue hermoso todo lo que en él sucedía, se quedó sumido en la niebla de la noche. Todo aquello, solo fue un sueño.

viernes, 23 de octubre de 2009

EL TIEMPO Y LA JOVEN


El tiempo es un amante peligroso. Desde que existe, arrulló al ser humano en su seno para, después, arrebatarle todo lo que conseguía al crecer.

Una vieja historia cuenta que una joven quiso dejarlo de lado. Para ello, cada noche se veía a escondidas con él. A pesar de ser ya muy anciano, estar lleno de arrugas y con el cuerpo medio quemado. Sus ojos expresaban la amargura que llevaba dentro. A pesar de esto, la hermosa joven iba a visitarlo a diario.

A pesar de la maldad del tiempo, este la amaba profanamente. Cuando ella llegaba, detenía los años; cuando la acariciaba, paraba los meses; Al llegar sus besos los días y las horas cesaba...

Ella no le amaba, aún así, conseguía su objetivo. En los ratos que pasaban juntos, ella no sufría ningún trastorno a causa de la parada de los años y meses. Esos segundos que se le acumulabam se introducían en su ser. De esta forma, se mantenía joven durante un largo periodo. Así conseguía tener veninticinco años biológicos durante ciento veinte meses.

En una noche en la que el tiempo se quedó dormido después de hacerla mujer de nuevo, ella se puso a mirar por una bentana de la habitación que guardaba los secretos del tiempo. Nunca se había atrevido a mirar por ella hasta ese momento. Mirando al resto de la humanidad paralizada, dijo:

- ójala existiera otro modo de poder ser joven eternamente. No quiero seguir haciendoles daño a esas personas que tienen sueños importantes. Además, el tiempo me da cada vez más asco compartir mi cuerpo con eso que yace en la cama y, que con el que tengo que domir cada noche.

En ese instante despertó el tiempo. Se levantó de la cama y se hacercó sigilosamente a ella. La cojió por el brazo tirando fuertemente de ella y tirándola brúscamente al suelo.

En un abrir y cerrar de ojos, la jovencita de veinticinco años, se convirtió en una anciana de ochenta años.

El tiempo le retiró sus favores al estar seguro de su falta de amor hacia ella.

Al volver a se una chica normal (aun que fuera con el aspecto de una anciana) se sintió aliviada. Descubrió que la juventud no es un estado corporal, si no de ánimos.

Bajo esa apariencia vivió años. Se aisló del mundo. No quería saber nada de nadie.

Estando tan sola, empezó a echar de menos la compañía y el amor que le daba el tiempo.

Un día, de tantos otros, le llamo y se entregó a él como no lo había echo nunca antes. Descubrió el amor que sentía en su interior por el tiempo.

Pasaron la eternidad juntos, besándose y acariciándose eternamente. Pero, esta vez, los años o los minutos no se detenían.

miércoles, 21 de octubre de 2009

EL DIARIO





Una noche de verano calurosa, la mirada de Luna se clavaba en el lago donde iba de pequeña con su padre, Mario. Pensaba en los buenos ratos que había pasado con él. Ya sólo le quedaba un viejo diario que tenía entre sus manos. En él contaba todos sus recuerdos y secretos desde que su madre y él se conocieron hasta poco antes de su muerte. Leía como se sintió su padre al tenerla por primera vez entre sus brazos, como le enseñó a andar, o como lidiaba con los chicos que no les convenía, o el día de su niñita, a la que tanto adoraba.



No entendía como, si la quería tanto, como la había dejado tanto tiempo sola y nunca se había preocupado por ella. ¿ Qué sentido tenía eso?



Su propio padre, aquel que decía que la adoraba tanto, pero que no se preocupaba por ella o por sus hermanos. No era agradable pensar esas cosas. Y más que ahora ya no estaba entre los vivos.



No sabía si le guardaba rencor, pena, o compasión. Creía sentir un poco de cariño por él, pero no estaba segura.¿Cómo sentir cariño por el hombre que no se había preocupado por ella?



Por su culpa no se hablaba con sus hermanos. Hizo que desde pequeños se pelearan y por más que ella intentara remediarlo, no podía. Por su culpa ahora estaba sola. Su madre murió cuando ella era muy pequeña. Sin ella, se encontraba perdida.



Recordaba que su padre le mató a su perro, y cuando se enteró de que este se había reproducido, buscó a esos cachorros, y también se deshizo de ellos.



Siguió leyendo aquel diario.



Contaba al mínimo detalle la vida que le dio a su madre, y no era precisamente buena.



La echaba mucho de menos. Su voz, sus caricias, que le peinara el pelo por las noches… Su madre del alma… lo mal que lo tubo que pasar con su padre.



Si había algo de bueno en lo que estaba leyendo…era la descripción de sus abuelos. Apenas tenía recuerdos de su abuela y a su abuelo no le había conocido.



Su abuelo tenía ojos verdes, piel morena y de estatura alta. A pesar de su atractivo físico, su caracter no era precisamente agradable. Tenía muy mal humor y sus salidas y entradas en el bar eran frecuentes.



Le entusiasmó la parte referente a su abuela. ella solo la había conocido con el pelo canos, su piel blanca y un poco pálida por la edad, y abundantes arrugas. La recordaba con su ropa negra. A las alturas que ella la conoció, la mujer ya había enterrado unos cuantos hijos y la tristeza la hacía patente así. De otra forma, no sabía hacerlo.



En el diario tambien ponía lo dura de caracter que era. Solía meterse el mundo en su mochila y llevarlo en sus espaldas. recojía algunos comentarios de la gente refiriendose a lo bien que vailaba en sus tiempos mozos. Esto me llenaba de orgullo y satisfación.



A partir de ese diario les conocía mejor.



En otra parte del diario, describía a su hija, a esa niña adorable de pelo ondulado y negro, de ojos verdes penetrantes, figura esbelta y alta. Las páginas que hacen referencia a ella están llenas de emoción y ternura.



La describía como una chica fuerte, aunque sensible; atenta, pero no en exceso; lista y, esta vez, demasiado...según como la ponía en ese cuaderno, parecía que descríbia a su abuela.Físicamente se parecían mucho, pero no sabía que en carácter serían también tan parecidas. Aun que siempre le habían dicho que se parecía más a la abuela de su padre, la madre de su madre.



Cada palabra era más tierna que la anterior. Su corazón empezaba a ablandarse hacia el dueño de aquella libreta a medida que el sol se ponía en lo alto. Esto ella lo notaba, así que decidió dejar la lectura hasta la noche siguiente. Pero no podía dejarlo. Algo le impedía dejar esos papeles de lado.



Poco a poco, iba terminando la lectura. Cuando se quiso dar cuenta, era las diez de la mañana. A estas horas y, despues de toda la noche lellendo, solo le quedaban cinco páginas, así que ahora no la iba a dejar.



Al terminarla, se duchó, vistió y se dirigió al cementerio. Sentía la necesidad impetuosa de ir a ver a aquellos que ya no estaban a su lado.



Se sentó al lado de la tumba de aquel que le había echo tanto daño. Le miró fijamente.



En un arrebato de rabia, se puso a gritar a la foto que le recordaba a él. No entendía por qué le había echo tanto daño si tanto la quería.



Acto seguido, se relajó y se puso a llorar de rabia. Gracias a él se había perdido el conocer a su abuela en profundidad. Se perdió el sentir el cariño de su familia (de sus tíos y sus primos). Eso no se lo perdonaría jamás.

miércoles, 14 de octubre de 2009

EL ESPEJO


Me miro al espejo una y otra vez.

El espejo es grade, de madera de pino. En la parte de atrás tiene caprichosas figuras. Un ángel tiene en medio. Acompañándole hermosas flores y, en sus pies relajantes nueves.

En la parte de alante, solo el cristal donde mirarse. Por este lado, parece soso y sin vida.

Me viene a la memoria cundo era yo aún muy pequeña y me sentabas en tus rodilas. Cojías y peine y me cepillabas el pelo. Te encantaban los ricitos que me salían en el pelo. Siempre, despues de peinarme cien veces, me volvías a mojar los cabellos. Me ponías los leotardos, los pololos, la camisa, el refajo, el mandil, el chaleco y los zapatos. todo esto pesaba muhisimo y siempre me terminaba quejando.

Cuando tuve años más, me empecé a vestir yo sola. Pero siempre te terminaba dando algún grito para recibr tu ayuda. Al final, siempre me quedaba mirandome en ese espejo. Me ponía de una forma, y al rato, de otra. Me peinaba y me repeinaba. Mi pelo siempre tenía algo malo. Cojías el peine y me recojías el pelo haciendome el moño más bonto y elegante jamás visto. Me volvía a mirar. daba la vuelta y, dando una vuelta rápida, reblejaba mis pololos en el espejo. Te besaba, te daba un abrazo rápido y me iba corriendo a ver a mis amigos.

Al volver por la noche a casa, volvía a ponerme delante del espejo, y me sentaba. Antes de quitarme la ropa, pensaba en algunas cosas: qué hago yo aqui. por qué he nacido. Qué puedo hacer algo por mis semejantes. Me asaltaban cien ideas para reflexionar, a cada cual, más complicada. Y cada noche, iba a peor. retomaba la pregunta de la sesión anteror y pensaba sobre ella de nuevo.

Después de esto, no sin dejar de pensar, me quito lentamente toda la ropa. La vuelvo a colgar en la percha hasta el año siguiente. Pero, el sentarme delante del espejo, se vuelve rutinario. Lo hago todos los días

Ahora que me faltas, recuerdo con pena tu reflejo detrás mio. Antes no me fijaba de tu presencia al vestirme ni tu mirada tierna.Yo crecía ante tus ojos, pero cada vez que gritaba pidiendo tu auxlio, tu te alegrabas. Al fin y al cabo, seguia siendo aquella niña que necesitaba tu apoyo en todo momento.

Este año no es ninguna excepción. Me he vuelto a poner mi traje: los leotardos, los pololos la camisa, el refajo en mandil, el chaleco y los zapatos. En esta ocasión tambien necesito tu ayuda. Quiero un moño mejor que el de mis amigas. Como todos los años, grito tu nombre. En este momento noto que no estás. No respondes. A mi mente me viene el recuerdo de tu marcha. Ya no estarás más para prestarme consuelo, o apoyo del tipo que sea.

De nuevo vuelvo noto tu ausencia al mirar el reflejo del espejo. Tu mirada tierna y compasiva mirandome crecer ya no está. No puedo notar tu cuerpo a mis espaldas ni tu aliento en la frente al irme a dar un beso.

Otra vez salgo a la calle. Este año mis amigos se meten un poco conmigo. Saben que esta vez tu no podrás salir a defenderme. Me gritan y me echan del grupo. Vuelvo a casa llorando y no me esperan tus abrazos. Me vuelvo a se sentar delante del espejo, como el resto de años de mi vida. Esta vez no pienso en el por cómo puedo ayudar a la gente. Me empiezo a preguntar que tengo de malo para no gustarles, o si he hecho algo malo para no gustarles.

Sentada delante de ese espejo, lágrimas recorren mis mejillas. Sin tí no sé que hacer.

Me quito la ropa lentamente y sigo pensando. Cuelgo todo de nuevo en la percha. De pronto, una sombra aparece en mi cuarto. Eres tu. Serás una quimera, un producto de mi imaginación. Aun así, me consuela que me digas que no pasa nada, que los amigos van y vienen, que no me preocupe de eso. y así lo hago.

Mientras que siga teniendo el espejo, te tendré a ti.

lunes, 12 de octubre de 2009


No pronuncies más palabras. Deja que todo se quede en un profuno silencio que absorba nuestras almas. Tengo algo que contarte.

Cuando en la noche pasada me ofreciste tu paraguas para que no me mojara con la lluvia, se confirmó el amor que te tenía. Desde hace algún tiempo, pienso en tus ojos como la salvación de mi alma torturada. Sé que lo sabes. Sabes que nunca paro de pensar en el roce que tu piel me dio en el segundo en el que nos chocanos.

En esa noche de lluvia, me sentí protegida por tí. Con un gesto tan común, sentí caer el muro que tanto tiempo me había costado levantar alrededor de mi alma. Simplemente con algo tan sencillo como eso, el trabajo de años lo destruiste. Dije que no sentiría nada por nadie nunca más, que el daño que me habían echo ya no me lo volverían a hacer. Cierto es que llevabas algún tiempo quetando ladrillos de la pared sin que te dieras cuenta. Pero, anoche, cuando apareciste y me ofreciste un brazo amigo, terminaste de destruir todo.

mi vestido de lunares estaba empapado. Yo venía de la biblioteca con mi archibador en la mano. Las hojas de dentro empezaban a estropearse. Tenía un poco de frío. Mi vestido era un poco corto. Todavía hace buen tiempo y puedo ponerme ese tipo de ropa.

Tu vienes con traje y corbata. Estás guapísimo. Llevas tu chaqueta en la misma mano que llevas el paraguas. Tus ojos se esconden detrás de tus gafas. Te hacercas a mí por detrás. Yo clababa mi mirada en el suelo. Estaba pensando en si realmente me había aprendido todo lo que me habían mandado estudiar ese día. Me cojiste por la cintura y me apretaste a tí. A pesar de estar muy mojada, no temiste mancharte y me hacercaste a ti. Me acompañaste a la parada del autobús y hablamos. Al despedirte, me diste un beso en la cara, muy cerca de los lábios. Mi corazón latía muy rápido, pero creo que no te enteraste de lo que me sucedía.

Esta mañana te vi con otra chica y era guapísima. Tu la abrazabas y la acariciabas. Le decías que era preciosa, le ponías ojitos tiernos y la sonreías. Me dí cuenta que devía reconstruir el viejo muro defensivo. No sin antes echarte de mi alma. Devía comprender que un gesto amable no significa amor.

Antes de esto, había sabido la diferencia entre las dos cosas, pero contigo fue diferente. Incluso, en otras ocasiones también me habían dejado su paraguas. No logro entender por qué ahora se derrumbaba todo.

En estos momentos estoy sentada frente al espejo de mi armario. Refleja todo mi cuerpo. Intento explicar el motivo por el cual no te atraigo. Si es por el físico, no encuentro ningún problema. puedo ser tan guapa como cualquera. Puede que sea por mi forma de ser. Puede que no sea lo suficiente simpática, o lista, o madura.

Siempre que me quede aqui, mirandome, podré aislarme de todo. Así podré sacarte de mi almay volver a ponerme mi coraza. Y, esta vez, no dejaré que nadie me la quite.

un silencio doloroso


De nuevo se hizo un silencio doloroso. No podía escuchar tu voz, ni sentir tu aliento en mi nuca.

Tenía miedo. Me había acostumbrado tu sonido, a tus pasos en el pasillo alejándote y acercándote. Ya esos pasos se habían quedado mudos. Tu aroma ya no se respiraba en el hogar.

Antes, cuando era pequeña y llegabas tarde a casa, te esperaba levantada sólo para oler tu sudor a lo lejos, sentir el sonido de la ducha y como metías dos trozos de leña en la chimenea.

Sonaba la ducha y me quedaba dormida.

Después de lavarte, pasabas a mi cuarto, me besabas la frente.

Por aquel entonces, eras muy cálido y tierno. Eras capaz de bajarme las estrellas para ponermelas en la habotación si tenía miedo a la oscuridad.

No sé los monitvos, pero cambiaste. A medida que fui creciendo, dejaste de querer bajarme las estrellas. El sol solo era algo que estaba en lo alto del cielo y que jamás tocaría el suelo por más que yo lo deseara. Con el paso de los años, fuiste distanciandote aún más.

Antes de cumplir los cinco años, me contabas las historias en las que el abuelo era el protagonista. Aquellas que me hacían acercarme a aquella persona que no pude conocer. Me decías lo mucho que tu y la abuela me queríais ( que me quisiera mi madre no hacía falta decirlo. Ella lo demostraba). Me relatabas los secretos de tu infancia, los amores perdidos de tu juventud y tus sueños para la vejez.

Después de eso, tu boca se convirtió en un cementerio. Tu niña ya era lo suficientemente mayor para dejar de contarle secretos, para dejar que volara. Sabías que si no me enseñabas a hacer tal cosa, me caería. Devería tener mucha suerte para sobrevivir a tan tremendo golpe. Aún así lo hiciste. Pensaste que eso sería igual que montar en bici, que iba a saber hacerlo sola. Ni se te pasó por la cabeza que si esta vez me caía, un poco de agua oxigenada no desinfectaría las heridas.

Tras tantos años volando en soledad, todavía necesito que alguien me sujete. Pero se que nadie va a estar ahí debajo para tenderme los brazos si me caigo. Igual que con la bici, tengo que aprender a volar bruscamente.

Ya no tengo que esperar a ese olor a sudor en la puerta, esos pasos en el pasillo, ni el ruido de la ducha para poder dormir.

En estos momentos, mi oso de peluche ocupa el puesto en mi corazón que tu no quisiste...

domingo, 11 de octubre de 2009

Yo Quiero


Yo quiero el suspiro de tus ojos negros tuyos.

Yo quiero las palabras que lanzan al aire tus manos suaves.

Yo quiero el roce de tu alma en la luna.

Yo quiero que el viento del desierto que creó tu ojo haga que te enamores de mi.

Yo quiero que la tierra que te dio el vivir intente conseguir que me veas como yo te veo a ti.

Yo quiero que la dulzura de tus palabras se posen cada noche en mi pecho.

Yo quiero que tus lávios se hacerquen susurrando lo que siente tu alma (me guste o no).

Yo quiero sentir tus manos apretando a mi corazón.

Yo quiero sentir el roce de tu ser sobre mi.

Yo quiero sentir todo el amor que puede dar tu alma.

Yo quiero ver el momento en el que la arena del sahara y su viento profundo robaron tus encantos del arca de la luna.

Yo quiero observar el momento en el que las estrellas bajaron, se juntaron y formaron tu cuerpo moreno.

Yo quiero sentir como la oscuridad de la noche, con la presencia de su reina, nos envuelve con su abrazo eterno.

Yo quiero la lluvia sobre nuestros cuerpos en los atareceres que nos enfaemos por las pequeñas tonterías que rompen lo que sentimos.

Yo quiero... yo te quiero a ti, sultán de los desiertos, zar de las nieves, rey de los amores.

viernes, 9 de octubre de 2009

EN MEDIO DE LA NOCHE



Son muchas las noches las que te esperé despierta. A cada instante miraba a la puerta y nunca te vi llegar a ella. Siempre me terminaba durmiendo a las cinco o a las seis de la mañana. Nunca estabas para ver como lo hacía.


Prefería pensar el tiempo mirando el reloj de cuco y abrazada a la manta que me regaló la abuela cuando aún era muy pequeña. La lumbre cantaba una hermosa canción al compás que marcaba el tic-tac del reloj. El olor a leña quemada inundaba la casa. Casi tapa tu aroma a rocío.


Ahora que sé que te has ido, que no vas a regresar, echo de menos esos momentos. Más que estos, los siguientes. Al despertar siempre me encontraba el desayuno preparado. Café, tres tostadas, dos magdalenas, un zumo de naranja natural, y una pieza de fruta que variaba según el día y tu sentimiento de culpabilidad.


Todavía tengo el tacto de tus labios en mi mejilla y tu mirada clavada en mi rostro al amanecer. Tus ojos azules llenos de vida, cada día se me metía más en el alma y me la arrebataba.


Otras veces, eras tu la que estabas en la cama, enferma. Cada día iba a verte. Te barría y fregaba la casa, quitaba el polvo y por último, te hacía la comida y te la servía. Dejaba la bandeja en una silla e iba hacia ti. Te ayudaba a incorporarte, con cuidado. Te ponía un babero para que no te mancharas. Nunca te gustó que te pusiese la servilleta como protector para la ropa. Decías que ese trozo de tela no cumplía esa función. Entonces, ponías tu espalda muy recta, subías la cabeza y me pedías que te hiciera un moño. Siempre te recordaba lo mal que me salían. Aun así querías que te lo hiciera. Me pedías tu camisa negra, que te ayudaba a ponerte. En esos instantes, tus ojos brillaban de un modo especial y tus labios casi marcaban una pequeña sonrisa. Te ponía la comida en una mesita con ruedas que solías tener en el cuarto.


Siempre me gustó verte comer. Las cucharas no estaban muy llenas ni los tenedores muy cargados. Eras elegante para todo, incluso comiendo.


Me quedaba en tus pies, mirándote.


Después de cada comida, recogía los platos e iba a fregarlos. Tras de mí cerraba la puerta de tu cuarto. En ocasiones dejaba un poco abierta. Por esa pequeña rendija, miraba durante unos minutos tu rostro tranquilo y sereno. En ocasiones, parecías ausente, distraída. Me encantaría haber tenido algún tipo de aparato para entrar en tu mente y descubrir todos los pensamientos que guardas en ti.


En las noches, vuelta a lo mismo. Butacón de madera como cama y tu vieja manta favorita sobre mí. Mirando cada instante la puerta, preocupada, sin poder dormir


El fuego canta con voz melancólica una canción al ritmo que marca el reloj de cuco y de su tic-tac. El olor a leña casi tapa tu olor a rocío recién caído.


Tu pelo de plata anima toda la casa, hasta que el alba vuelve a quedar todo en silencio.

miércoles, 7 de octubre de 2009

esto es lo que me haces sentir




si fuera mas guapa y un poco mas lista si fuera especial si fuera de revista tendria el valor de cruzar el vagon y preguntarte quien eres. te sientas en frente y ni te imaginas que llevo por ti mi falda mas bonita y al verte lanzar un bostezo al cristal se inundan mis pupilas. yo cierro los ojos tu apartas la vista, de pronto me miras te miro y suspiras,yo cierro los ojos tu apartas la vista, apenas respiero me hago pequeñita y me pongo a temblar.
esto es lo que siento cada vez que te veo en juventud, cada vez que estas de broma con alguien y a mi me ignoras. siento no tener el valor de levantarme de la silla y besarte directamente. como dice la cancion si fuera mas lista, guapa o especial, podría levantarme y besarte lo labios sin complejos. pero, soy bajuta algo gorda, tengo mucho lunares y para ser lista me falta mucho.
tambien es cierto, en mi caso, que me pongo mi mejor ropa para que tu me veas. me maquillo, me peino, y me quito las gafas. puede que tenga así mas posiblilidades de que te fijes en mi.
me gustaría verte suspirar por mi. sin embargo lo haces por otra y, encima es mi amiga. ella no te quiere pero tu a ella si. quizá seria menos doloroso si fuera otra persona...
por favor, fijate en mi. vivo por ti...


En días lluviosos como este, recuerdo los momentos que pasamos juntos y que no volverán a ser.Recuerdo que antes estos días me gustaban. Solía quedarme sentada en el sofá mirando por la ventana las gotas caer. las gotas golpeaban contra el cristal. en ocasiones, muy fuerte. Entonces lloraba. me venían a la memoria el sabor los besos que no me diste y aquellas caricias en mi piel que un día se perdieron en el viento.Este tiempo es muy nostálgico. Trae a la ante mi aquellos momentos que pasé contigo y que no me viste, que pasé agarrada de la manos del viento.Nunca llegaste a oler ese perfume tan especial que me compré solo para que tu lo olearás; no viste mi brillo nuevo sobres mis labios que me compré para que tu me dijeses que sabe a sandía; No sentiste mi mano temblar cuando te acercabas; no notaste mi miedo al verte aparecer con otra chica con la que, seguramente, te lleves mejor que conmigo.Las fronteras, aunque insistentes, se hacen eternas. De mí te separan el cielo y el mar; la luna, las estrellas y el sol; los peces del mar y los animales de la tierra. todos dicen que no soy lo suficientemente buena para ti, que jamás podré alcanzar uno de tus ansiados besos.Pero no te preocupes. Aun que me duela no tenerte, sostendré dentro de mi el amor que siento. Los besos que un día te perdiste, se lo reservaré a quien se lo merezca.

lunes, 5 de octubre de 2009




Esto es una carta para ti, el del encuentro.


No hemos tenido mucha relación. A penas hemos cruzado unas palabras. Aun así , desde el encuentro no te he podido olvidar.


Se que solo te intereso para una noche, para nada más. Solo me miras con ojos de amante fiel a todas las mujeres. pero, ese día en el que quisiste pasar conmigo, me hizo muy feliz.


Pregúntame los motivos si lo deseas, pero no sabré como contestar.


Si no hubiera sido tan tonta... si hubiera seguido mis instintos y en la siesta que estuvimos solos en tu habitación me hubiera dejado besar... tal vez ahora no me hubieses dejado de hablar.


Echo de menos tus manos grandes en mi espalda, mis manos en tu pecho desnuedo, tan suabe como la piel de un bebé, tus ojos clabandose en los mios, tus lábios intentando besarme.


Me ayudaste a olvidar a alguien que me estaba haciendo mucho daño, sin quererlo. Sé que lo hiciste sin querer, que no me ayudaste a proposito, pero el echo de sentirme deseada fue muy importante para mi.


Tu eres el que me ayudaste a darme cuenta que puedo conseguir todo lo que quiera, incluso con los hombres

Si no supiera los rumores que caen sobre ti o, que seguramente tengas novia, o, que me rechazarias por que no estas interesado en mí de esa forma, tal vez te pediria salir.


Solo quiero decirtq que te quiero y que espero que leas esto.