miércoles, 14 de octubre de 2009

EL ESPEJO


Me miro al espejo una y otra vez.

El espejo es grade, de madera de pino. En la parte de atrás tiene caprichosas figuras. Un ángel tiene en medio. Acompañándole hermosas flores y, en sus pies relajantes nueves.

En la parte de alante, solo el cristal donde mirarse. Por este lado, parece soso y sin vida.

Me viene a la memoria cundo era yo aún muy pequeña y me sentabas en tus rodilas. Cojías y peine y me cepillabas el pelo. Te encantaban los ricitos que me salían en el pelo. Siempre, despues de peinarme cien veces, me volvías a mojar los cabellos. Me ponías los leotardos, los pololos, la camisa, el refajo, el mandil, el chaleco y los zapatos. todo esto pesaba muhisimo y siempre me terminaba quejando.

Cuando tuve años más, me empecé a vestir yo sola. Pero siempre te terminaba dando algún grito para recibr tu ayuda. Al final, siempre me quedaba mirandome en ese espejo. Me ponía de una forma, y al rato, de otra. Me peinaba y me repeinaba. Mi pelo siempre tenía algo malo. Cojías el peine y me recojías el pelo haciendome el moño más bonto y elegante jamás visto. Me volvía a mirar. daba la vuelta y, dando una vuelta rápida, reblejaba mis pololos en el espejo. Te besaba, te daba un abrazo rápido y me iba corriendo a ver a mis amigos.

Al volver por la noche a casa, volvía a ponerme delante del espejo, y me sentaba. Antes de quitarme la ropa, pensaba en algunas cosas: qué hago yo aqui. por qué he nacido. Qué puedo hacer algo por mis semejantes. Me asaltaban cien ideas para reflexionar, a cada cual, más complicada. Y cada noche, iba a peor. retomaba la pregunta de la sesión anteror y pensaba sobre ella de nuevo.

Después de esto, no sin dejar de pensar, me quito lentamente toda la ropa. La vuelvo a colgar en la percha hasta el año siguiente. Pero, el sentarme delante del espejo, se vuelve rutinario. Lo hago todos los días

Ahora que me faltas, recuerdo con pena tu reflejo detrás mio. Antes no me fijaba de tu presencia al vestirme ni tu mirada tierna.Yo crecía ante tus ojos, pero cada vez que gritaba pidiendo tu auxlio, tu te alegrabas. Al fin y al cabo, seguia siendo aquella niña que necesitaba tu apoyo en todo momento.

Este año no es ninguna excepción. Me he vuelto a poner mi traje: los leotardos, los pololos la camisa, el refajo en mandil, el chaleco y los zapatos. En esta ocasión tambien necesito tu ayuda. Quiero un moño mejor que el de mis amigas. Como todos los años, grito tu nombre. En este momento noto que no estás. No respondes. A mi mente me viene el recuerdo de tu marcha. Ya no estarás más para prestarme consuelo, o apoyo del tipo que sea.

De nuevo vuelvo noto tu ausencia al mirar el reflejo del espejo. Tu mirada tierna y compasiva mirandome crecer ya no está. No puedo notar tu cuerpo a mis espaldas ni tu aliento en la frente al irme a dar un beso.

Otra vez salgo a la calle. Este año mis amigos se meten un poco conmigo. Saben que esta vez tu no podrás salir a defenderme. Me gritan y me echan del grupo. Vuelvo a casa llorando y no me esperan tus abrazos. Me vuelvo a se sentar delante del espejo, como el resto de años de mi vida. Esta vez no pienso en el por cómo puedo ayudar a la gente. Me empiezo a preguntar que tengo de malo para no gustarles, o si he hecho algo malo para no gustarles.

Sentada delante de ese espejo, lágrimas recorren mis mejillas. Sin tí no sé que hacer.

Me quito la ropa lentamente y sigo pensando. Cuelgo todo de nuevo en la percha. De pronto, una sombra aparece en mi cuarto. Eres tu. Serás una quimera, un producto de mi imaginación. Aun así, me consuela que me digas que no pasa nada, que los amigos van y vienen, que no me preocupe de eso. y así lo hago.

Mientras que siga teniendo el espejo, te tendré a ti.

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