
La luna reina magestuasamente el cielo nocturno en cuarto creciente.
Un poeta la mira embelesado. Le pregunta quién es su amante, que belleza sin igual no pude subsistir sin alguien que la ame con paz y eternamente.
Ella le contesta que se alimenta del amor que reciben otras personas, que es la que provoca los nuevos noviazgos, que las pasiones de las personas son las que la hacen brillar cada noche en lo alto. Le dice que ella es el verdadero ángel del amor. Más que cupido, ella es capaz de despertar más y mayores amores.
El poeta sueña con llegar al cielo y reposar la cabeza en el regazo de la preciosa dama.
En otro punto del planeta, cinco poetas que viven en la misma ciudad, le preguntan a la luna lo mismo. Por supuesto, la luna le contesta lo mismo que al primero.
En otra ciudad, cercana a esta, tres poetas quieren subir a la luna con urgencia. Con esta idea en la cabeza, deciden hablar con todos los poetas que conocen.
En un mes, mediante una cadena de emails, se reunieron en Buenos Aires (Argentina). En esa noche, la luna se mostraba de la misma forma en la que el primer poeta la había visto. Se mostraba en cuarto creciente.
Todas estas buenas mentes pensaron hacer una cadena humana para subir a la luna.
Todos estuvieron conformes con la decisión tomada. Aun que no pudieran llegar todos a lo alto del cielo y abrazar a la adorada dama, por lo menos uno llegaría y cumpliría ese sueño, que es el de todos.
El buen poeta que fue elegido por el azar, fue el que preguntó en primer lugar a la luna por su belleza.
Poco a poco, se fue haciendo una escalera y, el último, en poco rato, consiguió inclinar su rodilla sobre el suelo del cuarto donde se encuentra el trono de la hermosa doncella.
La besó la mano. Esta la pasó por su pelo, aariciándolo. Tumbó su cabezita sobre en seno de la reina de los cielos y se quedó dormido.
Al despertar, no vio nada. Solo su cuarto, su cama y sus cosas. Todo aquello fue un triste sueño. Aun que fue hermoso todo lo que en él sucedía, se quedó sumido en la niebla de la noche. Todo aquello, solo fue un sueño.

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