
El tiempo es un amante peligroso. Desde que existe, arrulló al ser humano en su seno para, después, arrebatarle todo lo que conseguía al crecer.
Una vieja historia cuenta que una joven quiso dejarlo de lado. Para ello, cada noche se veía a escondidas con él. A pesar de ser ya muy anciano, estar lleno de arrugas y con el cuerpo medio quemado. Sus ojos expresaban la amargura que llevaba dentro. A pesar de esto, la hermosa joven iba a visitarlo a diario.
A pesar de la maldad del tiempo, este la amaba profanamente. Cuando ella llegaba, detenía los años; cuando la acariciaba, paraba los meses; Al llegar sus besos los días y las horas cesaba...
Ella no le amaba, aún así, conseguía su objetivo. En los ratos que pasaban juntos, ella no sufría ningún trastorno a causa de la parada de los años y meses. Esos segundos que se le acumulabam se introducían en su ser. De esta forma, se mantenía joven durante un largo periodo. Así conseguía tener veninticinco años biológicos durante ciento veinte meses.
En una noche en la que el tiempo se quedó dormido después de hacerla mujer de nuevo, ella se puso a mirar por una bentana de la habitación que guardaba los secretos del tiempo. Nunca se había atrevido a mirar por ella hasta ese momento. Mirando al resto de la humanidad paralizada, dijo:
- ójala existiera otro modo de poder ser joven eternamente. No quiero seguir haciendoles daño a esas personas que tienen sueños importantes. Además, el tiempo me da cada vez más asco compartir mi cuerpo con eso que yace en la cama y, que con el que tengo que domir cada noche.
En ese instante despertó el tiempo. Se levantó de la cama y se hacercó sigilosamente a ella. La cojió por el brazo tirando fuertemente de ella y tirándola brúscamente al suelo.
En un abrir y cerrar de ojos, la jovencita de veinticinco años, se convirtió en una anciana de ochenta años.
El tiempo le retiró sus favores al estar seguro de su falta de amor hacia ella.
Al volver a se una chica normal (aun que fuera con el aspecto de una anciana) se sintió aliviada. Descubrió que la juventud no es un estado corporal, si no de ánimos.
Bajo esa apariencia vivió años. Se aisló del mundo. No quería saber nada de nadie.
Estando tan sola, empezó a echar de menos la compañía y el amor que le daba el tiempo.
Un día, de tantos otros, le llamo y se entregó a él como no lo había echo nunca antes. Descubrió el amor que sentía en su interior por el tiempo.
Pasaron la eternidad juntos, besándose y acariciándose eternamente. Pero, esta vez, los años o los minutos no se detenían.
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