
En lo alto de una colina, un niño de tres años mira los tejados de su pueblo. Le encanta escaparse de casa e irse corriendo a las afueras para ver el orizonte pintado de rojo teja y soñar con cruzar el mundo dando brincos de un tejado a otro.
Piensa y opina que le gustaría conocer todo lo que pasa de bajo de estos tejados y saber a quién deve cuidar y protejer y a quién deve dejar de lado.
Al fondo del pueblo, observa un extraño tejado de color azul, a su derecha, uno blanco y a su izquierda uno morado. Siempre le ha resultado curioso estos tres tejados. Aunque ahora pertenecía a tres casas distintas, hace no mucho pertenecían a una sola casa, a la de don Manuel.
Don manuel tenía 98 años de edad cuando murió y era viudo desde hace 15. Lo que más le llamaba la atención al niño de don manuel eran sus ojos grises. Penetraba en su mente y leía sus pensamientos.
A pesar de su edad, don Manuel tenía la piel tersa y suave y en su cabello, a penas aparecían canas. No necesitaba bastón ni gafas para ver bien de cerca o de lejos. Estaba bastante bien de salud. Aun así, cuando su mujer faleció, él empezó a tener problemas de tensión, empezó a beber y a fumar y su carácter, hasta ahora tierno y compasivo, se agrió, se volvió un gruñon que no estaba conforme con nada.
El niño se preguntaba lo que tenían que haber visto pasar a ese hombre el techo que ahora se había dividido en tres.
Don Manuel era uno de los hombres más importantes del pueblo. En sus años mozos había dado trabajo a muchas familias. Él tenía bastantes tierras y solo no podía cultivar todas.
Gracias a estas tierrasconsiguió darle una buena vida a su mujer y a sus tres hijos: Azucena, Laila y Mario. A los tres les dio estudios. Azucena es economista, Laila es médico y Mario maestro de primaria.
Solo los techos de esa casa saben cuantos sacrificios tuboque hacer este hombre y su mujer para darles estas carreras a los hijos.
Al morir los dos momponentes del matrimonio, la enorme casa que presidía la plaza mayor del pueblo se dividió en tres partes, una para cada hijo quedando la parte central para Mario, por ser el único chico.
Ahora,ese enorme techo que ha contado una historia de más de cien años desde que se creó, cuenta tres historias independientes.
Cada rejado cuenta una historia distinta, particular.
Un techo amarillo, que está a las afueras del pueblo, Vió en su seno como una mujer, Celia, moría a manos de su marido.Este despues se suicidó. Su hijo, Ernesto, de dos años,quedó huefano en una tarde de verano.
Celia denunció esta situación muchas veces. Él la amenazaba en la calle, más de una vez los vecinos vieron como la pegaba o la violaba y nadie hizo nada.
Cada tejado es diferente y, no solo por el color que pueda tener, si no por las historias que pueden guardar, a veces buenas, a veces malas.
2 comentarios:
Grato para mí saludarte, bastet. He visto que,discretamente, has visitado mi blog y te encontraste bien en él...parece...
Tal vez porque hayas encontrado similitudes con el tuyo que, a fin de cuentas, será una proyección de ti misma. Como todos...
Gracias por tu visita.
Y sigue manteniendo vivo el tuyo.
Escribir es una forma de vivir. Para mí, placentera. Probablemente también lo sea para ti.
A vivir, bastet.
es verdad que un lugar con el transcurrir de los años cambia de vida y experiencias es muy lindo lo que lei hoy muchos exitos tienes es don de escribir es muy bello....felicidades...besos kurt
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