
Me pregunto por qué se levanto cada madrugada. Creía haberte metido en el pasado, haberte vencido pero, al parecer, no lo ha hecho.
Hoy se ha levantado y se ha sentado en el sillón que hay al lado de la ventana de su salón.Los cristales están empañados. Fuera debe hacer mucho frío.
Todo está en silencio. La ciudad parece hermosa escondiendo sus secretos.
Las luces calman la pasión de los amantes que no deben desatar su temprano amor.
Pasa una hora y otra más. El cielo empieza a nublarse y cae un puñado de copos de nieve. Es algo increible. En esta ciudad nunca nieva y, ahora, con lentitud cae esa belleza helada.
Se tapa con su vieja manta las piernas y el vientre. Las manos las deja fuera, aun que las tiene rojas por el frío. Pero no importa. Ya hay pocas cosas que importen.
Antes, cuando hacía frío, él la acercaba a ella y la arropaba. Era muy cálido. Un día decidiste marcharte y no comprende los motivos.
Una lágrima acaricia su megilla. Antes él estaba para secarsela justo al salir del lagrimal pero ahora no tenía a nadie que le ayudara a retener sus angustias.
Mirando aquella ventana y el frío que se reflejaba en ella, recordaba los inviernos pasados a su lado. Aún guarda el roce de su piel en sus manos, su mirada en sus pupilas, su aliento en la boca, su voz en los ojos.
Volvió a la cama y se arropó. Eso tambien lo hacía antes él. Se durmió en silencio.
No hay comentarios:
Publicar un comentario