
Hoy un ángel negro me cubre con sus alas.
Después de tanto tiempo esperando, de mirar sus ojos con la mirada de una niña pequeña, no se presenta ante mí con sus alas blancas, su traje melocotón y sus zapatos alados, si no con una apariencia oscura y tenebrosa.
Me miraba con sus ojos negros con un aura de odio y rencor. No me explicaba por qué sus maravillosas alas blancas se habían oscurecido hasta volverse de un negro intenso, de esos que no dejan ni pasar la luz del sol.
Su pelo, antes de color blanco cegador y tan largo como para cruzar sobre él el Atlántoco, ahora se había vuelto marrón, sucio, tan corto que a penas podía verse.
Vestía de un negro absoluto. Transmitia un miedo cegador. Ya no dava esa sensación de paz y tranquilidad que antes llevaba siempre en sus alas.
Hoy me desmayé en sus brazos, como cada vezque se me ha aparecido. Y como cada vez que esto ocurre, me ha recojido en sus brazos. Pero...esta vez...no me ha llevado a la cama con una sensación plena de plenitud para mí, no esa sensación de saciedad que dejaba en mi alma cada vez que sentía su presencia a mi lado.
Hoy me secuestra, me lleva cn él a un lugar en el que realmente se pasa miedo, terror. Esta lleno de fuego, de sombras y de luces que vailan infundiendo temor a todos los que osan pasar por aquel lugar. Todo huele a azufre y, quemandose a fuego lento, algo que parece ser cuero.
Hay gente atada con cadenas a las columnas rocosas de la cabaña, casi desnudos. Tenían heridas por todo el cuerpo, e incluso algunas de ellas, infectadas. Sus miradas reflejan temor a algo pero no soy bien consciente a qué a pesar de la apariencia de todo esto.
Todo esto me da miedo, me asusta.
Me resulta desconocido todo este paisaje de desolación y terror.
De buenas a primeras, me doy cuenta de algo:
Todo aquel infierno, todo aquel desolador lugar, estaba dentro de mi, era parte de mi. Tanto el ángel blanco como el negro componen mi las dos mitades de mi alma. Esas dos mitades son inseparables e indestructibles.
Por muy dolida que este mi alma, nunca se hará añicos por que, cuando el ángel blanco esté mal, el negro saldrá en su defensa,y cuando lo esté el negro, el blanco irá en su busca, le sanará las heridas que otro le ocasionó y le detendrá en aquellas ocasiones que este vaya a obrar mal.
Pensando en estos dos ángeles he llegado a la conclusión de que uno es el lado bueno que tengo, el tierno,el sincero, al que le gusta envolver a todos con amor y calidez. El blanco es el sosegado, el que le gusta la calma y se piensa las cosas dos veces. Es capaz de echarse el mundo en las espaldas si es necesario. Su forma de luchar es pasiva tranquila. Nunca se toma nada a mal. El silencio y el aguante es su lema.Este es el que más predomina en mí.
El negro es al que no le importa hacer daño a nadie, se enfrenta al mundo con una espada en cada mano y lucha, y mata. Es cruel. Nadie quiere encontrarse con él. Por eso permanece recluido. Pero cuando sale...el mundo caya y se postra ante él.
Cuando el silencio rompo, es este ángel el que se levanta y dice claramente lo que pasa por mi mente.
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