viernes, 20 de noviembre de 2009


Una mujer mira al vacío. Deja su mente en blanco. Intenta recordar algo importante pero no sabe qué.

Ve a unos que corren hacia ella. La abrazan, pero no sabe quienes son.

¿por qué la abrazan? No lo entiende. Ella se aleja asustada. Siente miedo.

Una mujer que le resulta muy familiar se hacerca a ella y le coje las manos. Con voz tierna, le dice:

_Mamá, soy Miriam, ¿no te acuerdas de mi?

La mujer la mira fijamente. Por más que quiera recordarla, no lo consigue. Ese aire de confianza con ella pronto desaparece tornandose en desconfianza y un poco de violencia.

La señora no recuerda a Miriam. No la sostiene en sus recuerdos, no consigue atraerla.

Hace poco perdió a su marido. Desde entonces no consigue levantar cabeza. Tiene muchas lagunas. Le cuesta recordar nombres y fechas y desde hace poco, está empezando a notar que no recurda la cara de sus hijos o sus nietos.

En un primer momento, no se da cuenta, pero, al rato, los recuerda con total nitidez y se siente mal por ello.

Ella, que consiguió aprenderse los poemas de Neruda y de Béquer de memoria, que recitaba escritos en otros idiomas, que, en su época jóven, consifuió terminar dos carreras... ahora le costaba recordar lo más simple. Se sentía mal por eso, pero aún más por las personas que tenía al lado.

Presentía que esos espisodios puntuales iban a ir a más y que ella no lo sentiría. Los que más lo iban a sentir serían las personas que tenía cerca y eso le dolía mucho.

La mujer mira al vacío. Ve una pared de piedras y empieza ha hablarle. Le cuenta que cuando era jóven, su marido, que estaba trabajano (pero en realidad está muerto), le llevaba ramos de rosas blancas a casa para intentar que saliera con ella.

Llegan unos niños y se abalanzan sobre ella para darle un abrazo. Ella se asusta y les aparta de ella con un empujón. No sabe quienes son y eso no le gusta.

Siente en ellos un aire familiar pero no consigue atraerlos a su memoria...

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