domingo, 24 de enero de 2010

LA PRINCESA


PARTE 1ª

La niña mira por la ventana. Ve la parte antigua de su ciudad.
Se escucha de fondo la televisión. En la dos suena un reportaje de la España medieval.
A sus cinco años, no sabe que significa la palabra medieval, y menos sabe qué es la
época medieval o que influencia tubo en España.
- Mamá ¿qué es la época medieval.
- Tesoro, la época medieval se refiere a un periodo de tiempo donde las chicas era
muy guapas y llevan vestidos largos y muy bonitos - sacó un libro donde hay
ilustraciones de la época. Lo abre por una época. Se lo enseñó.- como estos ¿ves? Los
chicos son altos y muy guapos. Tienen los ojos azules y verdes. Los chicos tambien
tienen el pelo a media melena, al contrario que las chicas, que lo tienen largo, pero se
lo recogen y se hacen bonitos peinados.
- ¿Dónde viven?
- En castillos muy grandes y bonitos, con muchas habitaciones, torres muy altas y
grande jardines.
-Mamá, no me gustan esos vestidos. No ¿llevaban pantalones las chicas y no podían
haber príncipes feos?
- Normalmente no.- cogió una taza de café que tenía al lado del libro de los vestidos
que sacó anteriormente.-si quieres, te cuento una historia que me contó tu abuelo
cuando yo tenía más o menos tu edad y le hice esta misma pregunta.
- Si, mamá cuéntamelo, por favor.
- Ocurrió aquí mismo en Cáceres. En una familia de nobles, nace una niña preciosa.
Sus padres se sienten muy orgullosos de ella.
Esta niña, va creciendo y se convierte en una hermosa joven. Pero no es como todas
las princesas o chicas de la nobleza de la época.
- Entonces, ¿cómo es mamá?
- Su pelo es rizado, pero no lo tiene largo. Lo tiene muy corto, como lo tiene papá,
¿entiendes? Sus ojos no son verdes, son oscuros, muy oscuros. Cuando ella mira,
puede arrebatar el alma del ser más poderoso. Esta princesa lleva pantalones, como los
chicos. A ella tampoco le gustan los vestidos. Siempre lleva camisas de manga ancha y
de cintura estrecha. Le acompaña un bonito chaleco marro o negro. En la camisa lleva
algo parecido a una corbata, pero con muchos flecos. Toda esta ropa, le realza su
bonita figura.
Para salir de paseo, utiliza una capa ancha que le tapa el resto de la ropa y, un
sombrero muy grande y redondo, que, al lado de una oreja, se recoge (como cosido) al
lado de la oreja. Este sombrero se adorna con plumas de muchos colores normalmente.
Al salir a la calle, no se nota que sea una chica. Siempre baja la cabeza para esconder Su bonito rostro.
Le gusta la esgrima, la lectura, la música y la pintura. Ella no suele preocuparse por estar guapa, como las otras chicas. Prefiere atender a los que no tienen para comer o a
los que no saben leer, escribir y un mínimo de matemáticas. Siempre ha pensado que el
saber hace a una persona libre y quiere que todos sean libres, que nada los ate. Es una
gran persona y un soplo de aire fresco. Con razón sus padres la llamaron Diana.
Con frecuencia bajaba a la plaza a ver el mercado. Suele comprar comida para todo el
palacio, todo lo que hace falta. Los sirvientes se lo agradecen enormemente.
Desde que era pequeña, la gente del que se ocupa del mantenimiento del castillo la
han criado, protegido y querido. En ocasiones, más que sus propios padres.
Un día como otro cualquiera, Diana Salió al mercado. Esta vez, tuvo algo especial,
algo distinto al de el resto de días.
En el puesto de la fruta, comprando, se cruzó con un hombre un poco extraño. Tenía
cojera y una mano no le funcionaba bien. Era bajo y se le notaba con un poco de
sobrepeso. No es el típico chico muy guapo que se describen en todos los cuentos.
A pesar de todos sus defectos, tiene una mirada tierna y compasiva. Aun que en esa
misma mirada, se nota tambien un aura de rencor y deseo de distancia con la sociedad.
Por su traje y su capa, se puede apreciar que es alguien importante, alguien
perteneciente a la alta sociedad de la ciudad. Un campesino no tiene dinero para pagarse
esa clase de tela.
Detrás de él iban dos hombres con túnicas marrones atadas por la cintura por algo parecido a un cinturón hecho con cuerda. Eran dos frailes. Esto es un poco extraño, ya que normalmente son las mujeres las que van acompañadas por religiosas. Observando esto Diana, llegó a la conclusión que los llevaba para su protección.
Este extraño desconocido que tanto le llamó la atención se encontró en aquel lugar
con un hombre alto, moreno, guapo, con ojos azules y muy musculosos. El típico chico
guapo, un príncipe azul. Ella pensó que debían de ser familia o amigos realmente
íntimos. Al parecer de Diana (que no se suele confundir en las primeras impresiones),
este chico no debe de ser muy buena persona. Parece muy arrogante y que se cree más
que los demás.
Cuando Diana terminó en el puesto de la fruta, se dirigió hacia el mejor puesto de
fruta de todo el mercado. Por algún motivo, ellos también se dirigieron al mismo puesto.
En un primer momento, Diana pensó que era una coincidencia, que también iban a por
esa buena verdura que se vende allí.
Cargaba las bolsas de la fruta con gran esfuerzo. Al fin y al cabo, llevaba fruta para
todo el palacio. Su paso es lento. Tampoco tiene mucha prisa. Aun así, solo tardó cinco
minutos en llegar al puesto de la verdura, que se sitúa al otro lado del mercado.
Joaquín, el chico guapo, se acercó a ella por detrás, sigilosamente. Le dio con la mano
en el hombro y empezó a entablar conversación con ella. Aunque parecía un chico por
su forma de vestir y de comportarse, no se puede negar que es una chica. Aun así y
todo, este hombre, le confundió con un chico.
-Perdona, - le dijo Joaquín a Diana-¿no nos conocemos de algo?
Diana negó esto con la cabeza. Si hablaba debía poner una voz grave, como la de un
chico. No estaba convencida de poder hacerlo. Además, siempre se podría dar cuenta de
que realmente no es un chico.
-Pues me presento.-siguió Joaquín.- Mi nombre es Joaquín. Este es mi hermano
David. Dime, ¿eres nuevo en la ciudad?
Diana asistió con la cabeza. Una vez entablada una pequeña parte de la conversación, no
tenía más remedio que poner voz de chico.
- Soy de cerca- comentó Diana.- mi palacio está a un día de camino de esta ciudad.
- Si estás tan lejos, ¿que haces por aquí?
-Estoy visitando a unos familiares. Mi prima menor, la futura duquesa, Diana, va a Cumplir su mayoría de edad. Dentro de poco tendrá que elegir con quién casarse y
quiero estar aquí para que no cometa ningún error y, que quiera quien sea su elección,
sea una buena persona, que la sepa querer y valorar tal y como es ella y no por su futuro
título de duquesa.
-Está muy bien proteger a la familia- dijo David-. Es un gran tesoro. Pero, dinos,
¿cuál es tu nombre?
- Mi nombre es… es…- no sabía que decir. Nunca le habían echo esta pregunta hasta
este momento.- Ernesto. Me pusieron igual que a mi tío, el padre de Diana.
A Diana siempre le gustó ese nombre. Si hubiese sido realmente un chico, le hubiera
gustado que le hubiesen bautizado con ese nombre. A David, toda esta historia, le parecía un poco extraña. Es plausible que un primo quiera proteger a su prima, pero él es hombre también. Conoce bien la situación a la que se enfrenta su prima. Hay una gran probabilidad que todos o la mayoría los pretendientes que se le puede presentar vayan por interés, que la quieran sólo por su título. Este punto, le hizo sospechar. Por otra parte, su voz es un poco extraña. Tiene una tonalidad un poco rara. Por otro lado, le resulta un poco chocante que vaya con la capa tan cerrada. Todos echan la capa hacia atrás. Ernesto no. Le tapa todo el cuerpo. Piensa en qué puede estar ocultando. Pensó que, quizás guardara algún arma debajo de todo eso.
- Esta noche hay un gran baile en el palacio de mi hermano.- dijo David.- a ambos nos
encantaría que tu prima y tú asistierais. Por el afán de protección que procesas hacia
ella, nos encantaría conocerla. Debe de ser una chica muy especial.
- Lo siento. Yo podría asistir, pero no mi prima. Ella siempre se acuesta temprano. La
mujer que la cuida de pequeña, su haya, no le da demasiada libertad. Por otro lado, mis
tíos no la dejan salir.
Esto le hizo sospechar a David aún más que algo raro acontecía.
- Pero, en el cumpleaños de mi prima, tal vez podáis ir y conocerla. El gran baile será
dentro de poco. Supongo que seréis de aquí. No estaréis muy lejos, ¿verdad?
-Esperaremos la invitación formal
-La tendréis.
-Haber cuando tenemos un entrenamiento juntos- comentaba Joaquín a medida que la
cola avanza-. Quizás podamos echar una carrera a caballo o ver quien es mejor con la espada. Lo que prefieras.
Diana, con su poniendo su voz más grave, le respondió:
-No me gustan las artes bélicas. Prefiero hacer algo útil con mi tiempo libre y mi
vida. No quiero que la gente muera por luchas inútiles.
-¿Tienes miedo? ¿o es que no has recibido las enseñanzas más mínimas en
esgrima?- comentó Joaquín
-La recibí. Eso no evita que la considere inútil
-Cuando quieras, te reto. Sabes bien que no nos vamos a matar ni nada por el estilo.
recalcó Joaquín. -Ya de paso, mi hermano saldrá un poco del pequeño convento.
-¿Estas en un convento David?
-Si, temporalmente.
-Entonces, de acuerdo. Dime donde y cuando. Será divertido- dijo Diana.
- Ernesto, mañana al alba en la entrada norte de la muralla.
Ya era el turno de Diana para comprar la verdura. Le entregó una lista al de cosas que necesitaba. Este se lo dio, se despidió y se fue.
Al día siguiente, se levantó, se puso sus pantalones y su camisa y se marchó sigilosamente de la casa. Nadie se dio cuenta de su escapada hasta que ya fue demasiado tarde para evitarlo. Su padre se puso de muy mal humor al enterarse y su madre estaba realmente preocupada. Su pequeña, en un ataque de rebeldía, se escapó y se pudo poner en peligro.
¨¨ Es aún muy joven y no sabe los peligros que hay sueltos.¨¨ piensa la madre para sí. En su cara se refleja su enorme preocupación.
Mientras tanto, Diana se encuentra con David y Joaquín. Está contenta por que al fin
se enfrentará a un rival que no le dejará ganar por su condición social o por ser una chica.
En el primer caso, por que ambos son del mismo estatus y por el segundo motivo no se preocupaba por que no sabían que era una chica.
El saludo fue fugaz. Ambos tenían ganas de batirse en duelo. Desenvainaron sus espadas y empezaron.
A David le seguía dando mala espina Diana. Bueno, Ernesto, que es a quien ellos conocen.
En un momento dado, Diana se cae. En la caída, la capa que le cubre todo, se va echando hacia los lados dejando ver su silueta femenina.
David y Joaquín se sorprenden, como es lógico. Aunque David sospechaba que algo extraño pasaba con este individuo, no se podía imaginar que fuera para tanto el secreto que guardaba.
Joaquín se retiró rápidamente de la pelea. No quería hacerle daño a una chica.
Esta parada en la pelea, a Diana le molestó profundamente. Que fuera una chica, no significa que no pudiera hacer las cosas tan bien o mejor que un chico. Se enfadó muchísimo. No era justo.
Se levantó del suelo y empezó a gritar a David y a Joaquín.
- vamos, Joaquín, ¿por qué no peleas? ¿Es que me temes? Sabes que soy mejor que tu, ¡coge tu espada y lucha!
- ¡No!- repicó Joaquín.- podrías hacerte daño.
- Hasta ahora te voy ganando. No seas cobarde y pelea.
- Acabas de caerte.
- No por tu culpa.
- Pero podrías haberte hecho mucho daño.
David cogió su espada y siguió peleando con Diana en el lugar de Joaquín. David sabe bien que Diana tiene un gran manejo de la espada. Ha estado observando toda la pelea.
Una piedra en un mal lugar, no hace al buen espadachín en malo.
Esta nueva pelea, duró varias horas. David también ha dedicado mucho tiempo a entrenar. Todos se lo pasaron muy bien y ninguno salió herido, como habían acordado desde el primer momento.

Desde ese momento, estas tres personas empezaron a llevarse bien. Entablaron una buena relación.

... CONTINUARÁ...

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