
Hace algún tiempo empecé a escribir para sentirme bien, para no sentir el rechazo detrás de la oreja. Desahogaba mis angustias, y me liberaba. La tortura que a mi alma se ata, se empezó a desatar con cada historia o verso.
Con el tiempo mi alma se fue conrompiendo, y se me ocurrió, que con un poco de suerte, podría llegar a ser una gran escritora. Tal vez, como Gracia Marquez, o como los hermanos Machado. Intenté con todas las fuerzas de mi alma publicar, redactar algo lo suficientemente bueno para salir en un conjunto de papel y tinta llamado libro.
Con suerte, recibí solo una carta. Se agradeció mucho la respuesta a un certamen. No era lo suficientemente buena para publicarme, pero me dio la esperanza suficiente para seguir adelante. Con fuerzas renovadas, volví a mis versos y mis renglones. volví a rellenar folios en blanco.
Poco a poco esas esperanzas se fueron consumiendo en el fuego del olvido. Se iba consumiendo poco a poco, y dolorosamente.
Era lo único para lo que podía valer. Ahora noto que las palabras, la literatura, no corre por mis venas. Lo que yo escribo ahora, o lo que he escrito hasta este momento, lo abría escrito cualquiera. Otra persona a la que sepa redactar y expresarse.
Hay demasiados escritores, mejores que yo, en la calle, rogando a la primer lucero de la noche que haga que su gran obra se publique, que la gente por la calle le pare y le diga que es lo ¨¨mejor¨¨ que su mente puede asimilar. Bueno, supongo que ese es el sueño de cualquier escritor, por muy malo que sea.
Supongo que el tiempo me ha echo darme cuenta que no puedo permitirme el lujo de hacer lo que escribir me estaba permitiendo. Mi muro no se vendra a bajo.
Despues de todo, no permitiré que un rayo de dolor entre en mi. Ni uno más. Por esto, he decidido dejar de escribir
Con el tiempo mi alma se fue conrompiendo, y se me ocurrió, que con un poco de suerte, podría llegar a ser una gran escritora. Tal vez, como Gracia Marquez, o como los hermanos Machado. Intenté con todas las fuerzas de mi alma publicar, redactar algo lo suficientemente bueno para salir en un conjunto de papel y tinta llamado libro.
Con suerte, recibí solo una carta. Se agradeció mucho la respuesta a un certamen. No era lo suficientemente buena para publicarme, pero me dio la esperanza suficiente para seguir adelante. Con fuerzas renovadas, volví a mis versos y mis renglones. volví a rellenar folios en blanco.
Poco a poco esas esperanzas se fueron consumiendo en el fuego del olvido. Se iba consumiendo poco a poco, y dolorosamente.
Era lo único para lo que podía valer. Ahora noto que las palabras, la literatura, no corre por mis venas. Lo que yo escribo ahora, o lo que he escrito hasta este momento, lo abría escrito cualquiera. Otra persona a la que sepa redactar y expresarse.
Hay demasiados escritores, mejores que yo, en la calle, rogando a la primer lucero de la noche que haga que su gran obra se publique, que la gente por la calle le pare y le diga que es lo ¨¨mejor¨¨ que su mente puede asimilar. Bueno, supongo que ese es el sueño de cualquier escritor, por muy malo que sea.
Supongo que el tiempo me ha echo darme cuenta que no puedo permitirme el lujo de hacer lo que escribir me estaba permitiendo. Mi muro no se vendra a bajo.
Despues de todo, no permitiré que un rayo de dolor entre en mi. Ni uno más. Por esto, he decidido dejar de escribir
1 comentario:
Nunca has de decir adios, porque otros no sepan valorar lo que haces, ni fundar todas tus ilusiones en ser reconocida, escribe porque te gusta, simplemente por eso, para ti, y para los que te valoran, la expresión es algo magnifico, que hay que pulir con los años, no abandones tus escritos cargados de sentimientos, porque sería abandonar una parte de ti misma.
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