sábado, 26 de septiembre de 2009

LA LUNA




Como un sueño, la luna aparece por el cielo sentada encima de su carro tirado por majestuosos caballos. Está más hermosa que nunca.


Hoy estrena carruaje nuevo. Un hermoso carruaje negro con caprichosas figuras adornando la imperial oscuridad de la que, siempre hace gala.


Con la cabeza muy alta y ojos profundos, la luna mira hacia abajo. Le gusta ver a las personas viviendo sus penas y sus alegrías. Le encanta oír como, con esperanza, la gente le pide deseos de amor con ese sueño eterno de que, pueda hacerse realidad.


Su lindo vestido blanco, hace juego con el carro. Al menos, en los detalles de los bordados que lleva dicha vestimenta. si no fuese por el tono caucasico de su piel, parecería una reina mora de la antigua ciudad de Granada.


Quiere bajar a la tierra, posar sus pies y echar a andar, pero no puede. Cuando necesita ropa, un sastre va a ella, le coje las medidas y vuelve a bajar. Lo mismo pasa con los zapatos, con sus joyas (que no las necesita para ser hermosa), sus peluqueros y sus artesanos.


A mitad de su camino hacia el alba, se detiene a mirar a una joven que, dentro de su casa, se pone su mandil de cuero viejo y medio roto. Cada noche se detiene a verla, lentamente, sin prisas.


Los ojos de esta joven le llama mucho la atención. pero aún más las hermosas cosas que hace con sus manos.


A pesar de sus veinti pocos años, hace autentica magia con sus dedos.


Desde muy pequeño, aprendió el arte de la cestería, el estaño y el cuero. Estas artes son las que más le gustan, ya que las aprendió de su abuelo. Todas, menos el estaño, que lo aprendió de su abuela.


Ella, era igual a su abuela. Hermosa, inteligente. siempre la habían criado entre algodones. aun que no dejaban que se cayera de la cuna, siempre intentaban que manteniera los pies en el suelo.


Despues de verla a ella, tiraba casa por casa, habitación por habitación de los buenos artesanos (sobre todo los de las Hurdes, sus favoritos). Lastima que por los días no puede surcar los cielos para verles hacer su magia.


le duele la poca frecuencia con la que puede salir con la luz solar. El calor que da el Rey del dia


no le sienta bien. con lo que le gusta a ella ese olor a calidez humana, a ternura, a vida... Cuando a ella le toca salir, solo hay tristezas y suspiros. Le toca escuchar lamentos, sùplicas y riñas. Aún que esto le gusta, de vez en cuando quiere ver lo que ve Sol, y que Sol viera lo que ella vive noche tras noche.


Tras la maldición que cayó sobre el sol, este no puede cambiar turnos con ella. Y, claro, la noche no puede estar sin un guardian. En este caso guardiana.


El Sol no estaba nunca en sus guardias celestiales. En una reunión de estrellas, decidieron que, por no saber valorar este don, el sol iba a estar atado al día y, la luna, por consecuencia del sol, se quedó al cargo de la noche. Ella sale tambien durante el día, pero suele estar demasiado agotada para ir de visita.


Con el tiempo, le ha encontrado el gusto a la oscuridad y a ser considerada como algo especial. Incluso, a esas pequeñas cosas que ya no hace: las compras, las peluquerías...


La dulzura de la Luna hace a la noche algo especial, algo hermoso, algo para los poetas y para los amantes más fieles.


La Luna... Es la amante de todo el mundo, y la magia que se esconde en ella y sus misterios, son infiniros...




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